Cuando la ciencia buscaba explicar el mundo
A finales del siglo XIX, miles de objetos y restos humanos comenzaron a viajar desde distintos continentes hacia museos europeos.
1. Durante el siglo XIX y comienzos del XX, Europa vivía un período de intensa expansión científica. Museos, universidades y sociedades académicas organizaron expediciones por distintos continentes con el propósito de estudiar la diversidad biológica y cultural del mundo.
En ese contexto se reunieron miles de objetos arqueológicos, etnográficos y también restos humanos que fueron incorporados a colecciones científicas.
2. Estas prácticas respondían a las ideas dominantes de la época. Muchas comunidades indígenas eran consideradas "pueblos en desaparición" y se pensaba que sus cuerpos, objetos y formas de vida debían ser estudiados y preservados en museos europeos antes de que desaparecieran.
Hoy sabemos que aquellas investigaciones estuvieron profundamente influenciadas por visiones eurocéntricas, por el colonialismo y por formas de extractivismo patrimonial que difícilmente serían aceptables desde una perspectiva ética contemporánea.
3. La Región de Magallanes no estuvo ajena a ese fenómeno. Durante las primeras décadas del siglo XX, distintos exploradores, coleccionistas y viajeros reunieron materiales provenientes del extremo austral de América.
Entre ellos se encontraban también restos humanos Kawésqar que, con el tiempo, ingresaron a colecciones científicas de numerosos países de Europa.
4. La historia de los tres ancestros conservados en Basilea forma parte de ese contexto más amplio. Comprenderlo no busca justificar lo ocurrido, sino explicar las circunstancias históricas que permitieron que estas prácticas fueran consideradas aceptables en su tiempo y comprender por qué, más de un siglo después, muchas instituciones han comenzado a revisar críticamente ese legado.

